ontogenesis y ontología

Sobre el problema de la continuidad y la discontinuidad entre fases del ser, o dimensiones organizacionales de lo real.

Sobre la continuidad ontogenética y la semi-autonomía ontológica entre lo inerte, lo vivo y la tecno-cultura.

Fragmento de INDIVIDUACIÓN, INDIVIDUO Y RELACIÓN EN EL PENSAMIENTO DE SIMONDON de Miguel Penas López (2014, tésis doctoral)

http://www.tdx.cat/bitstream/handle/10803/313452/mpl1de1.pdf?sequence=1

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P182/183

Mientras que las estructuras de equilibrio son indiferentes al pasado, ya que su evolución energética consiste en olvidarlo y dirigirse de manera irrevocable, en todos los casos, hacia el equilibrio, en las estructuras disipativas nos encontramos con lo que se denomina la “dependencia del camino”. Hay una diferencia importante aquí en lo que a la memoria de la materia se refiere. La génesis de un cristal
muestra una memoria en el sentido de que la historicidad particular de su formación determina sus características como ser individuado, las cuales lo hacen único y afectan a sus posibilidades futuras 121 (Como ejemplo, podemos pensar en un cristal sometid o a una presión mecánica. Las posibles impurezas presentes en la materia amorfa a partir de la cual se ha formado determinan la existencia de puntos de vulnerabilidad que se manifestarán en las vetas de rotura ocasionadas por la presión.). Sin embargo, el pasado de las estructuras disipativas cuenta en su presente de una manera más radical. Su evolución anterior no es puro pasado condensado, sino que condiciona inevitablemente sus posibilidades de devenir en una u otra dirección, es decir, su génesis o individuación actual y, por tanto, su propia existencia como ser individuado. Esto se debe a que, puesto que se encuentran en una situación lejana al equilibrio, las estructuras disipativas pueden devenir nuevamente inestables y dar lugar a la aparición de un nuevo régimen macroscópico de funcionamiento, a una nueva individuación.
El pasado de la materia no-viva, el camino particular que ha seguido, también puede estar, por tanto, en contacto con su presente, condicionando así los caminos que podrá seguir en el futuro.Las contribuciones de la TNE al estudio de la relación entre materia y vida no se limitan a la constatación de que la formación de estructuras disipativas también se produce en un nivel puramente físico-químico. La importancia de esta disciplina radica en que permite realizar, por primera vez, descripciones detalladas del surgimiento y del comportamiento de estas estructuras.
“Estructuras disipativas” no es un término que permita simplemente caracterizar un tipo de realidades ya conocidas y someterlas a los principios de una disciplina, sino que designa un campo de producción de nuevas posibilidades. Una variación en las condiciones de
no-equilibrio a las que se somete a la materia provoca la aparición de nuevos regímenes macroscópicos de funcionamiento; la materia muestra así una inventividad aparentemente sin límites en su comportamiento.Esta posibilidad de generar y describir una multitud de estructuras nuevas se ha mostrado especialmente fecunda en el dominio de la química, lo cual ha abierto nuevas perspectivas de cara a establecer una continuidad entre los fenómenos materiales y el funcionamiento biológico 122 (Stengers le reprocha por ello a Simondon su falta
de atención hacia esta disiciplina, y lo considera otra muestra de su energetismo, debido al cual no diferencia entre el estado de equilibrio del cristal y el equilibrio químico (cf, Stengers, 2002b: 144, n. 4)…la región lejana al equilibrio se define por la superación de un umbral a partir del cual el estado estacionario propio de la región cercana al equilibrio (producción mínima de entropía) deviene inestable. Es entonces cuando pueden aparecer los fenómenos de auto-organización de la materia ejemplificados por las estructuras disipativas. Pero esta es una posibilidad que no siempre se cumple, y de ahí que una descripción en términos energéticos no sea suficiente para dar cuenta de la auto-organización.

En as reacciones químicas “no es suficiente con alejarse del equilibrio químico para alcanzar un umbral de inestabilidad; en la mayor parte de los sistemas químicos (…) el estado estacionario permanece estable, las fluctuaciones se amortizan como en el dominio cercano al equilibrio” (LNA, p. 216). Sin embargo, Prigogine y Stengers exponen que “un resultado general se ha obtenido” por el cual se es tablece el tipo de reacciones químicas que pueden provocar la inestabilidad del estado estacionario: los bucles catalíticos, “las etapas en el curso de las cuales el producto de una reacción química interviene en su propia síntesis” (LNA, p. 217). ¿Y por qué estas condiciones descubiertas en el dominio de la química pueden ayudarnos para trazar un puente entre la actividad de la materia y los fenómenos biológicos? El encuentro de la termodinámica del no-equilibrio con la biología molecular nos da la respuesta: “mientras que las reacciones “no-lineales” son relativamente raras en el mundo inorgánico, la biología molecular ha descubierto que ellas constituyen prácticamente la regla en los sistemas vivos. Auto-catálisis (…), auto-inhibición (…), catálisis cruzada (…) constituyen los mecanismos clásicos de la regulación que asegura la coherencia del funcionami ento metabólico” (LNA, p. 219).

No es nuestra intención que todas estas consideraciones se traduzcan en un aplanamiento de las diferencias entre individuación físico-química e individuación vital. Nos parece fundamental conservar el punto de vista simondoniano según el cual la afirmación de una pluralidad ontológica no está reñida con el descubrimiento de una continuidad entre las diversas dimensiones.

El ser vivo es una estructura disipativa que tienela capacidad de auto-replicar su propia estructura topológica a través de “la transducción biológica más eminente”: la reproducción (ILFI, p. 161). Por su lado, las estructuras disipativas físicas o físico-químicas (un tornado, las células de Bénard etc.) son estructuras topológicas que se sostienen mientras que son alimentadas por los flujos, pero ellas no poseen dicha capacidad para reproducir su estructura. Finalmente, los individuos físicos de equilibrio (un cristal) no tienen necesidad de un flujo energético o material para sostener su estructura topológica.

Si bien este esquema nos puede ayudar a matizar las distinciones simondonianas entre individuo físico y ser vivo, esto no constituye una invalidación de los ricos análisis de la individuación propiamente biológica realizados por Simondon. Por el contrario, lo que nos muestran estos análisis son nuevos modos de inventividad de la materia, su capacidad para dar lugar a centros relacionales perceptivo-activos que, además, pueden transducir su actividad ordenada a través de la reproducción. Si es posible hablar de una “vitalidad”, ésta no introduce una frontera en la naturaleza, sino que es una vitalidad de la materia misma, una muestra más de la actividad creativa que ella manifiesta y la cual genera una multitud de dimensiones en lo real.

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Primeros experimentos sobre pasajes entre la materia y la vida

Urea

F. Whöler (1800-1882) calentando isocianato amónico, un mineral, produjo urea, una sustancia orgánica genuina. Este experimento derogó la teoría original (“Puedo hacer urea sin necesidad de un riñón o de un animal, sea perro u hombre”) y se considera la primera síntesis prebiótica en el sentido actual del término. Los vitalistas contraatacaron argumentando que no son los constituyentes de los organismos sino su funcionamiento lo que está más allá de las leyes físicas y químicas.

Abiogénesis

La abiogénesis (en griego: ἀ-βίο-γένεσις [a-bio-genésis], ‘ἀ-/ἀν- «no» + βίος- «vida» + γένεσις- «origen/principio»’)? se refiere al proceso natural del surgimiento u origen de la vida a partir de la no existencia de esta, es decir, partiendo de materia inerte, como simples compuestos orgánicos. Es un tema que ha generado en la comunidad científica un campo de estudio especializado cuyo objetivo es dilucidar cómo y cuándo surgió la vida en la Tierra. La opinión más extendida en el ámbito científico establece la teoría de que la vida comenzó su existencia en algún momento del período comprendido entre 4400 millones de años —cuando se dieron las condiciones para que el vapor de agua pudiera condensarse por primera vez—2​ y 2700 millones de años atrás —cuando aparecieron los primeros indicios de vida—.

En el momento en que Darwin defiende el transformismo y la ascendencia común de todos los organismos vivos, asume que, en última instancia, el primer organismo original debió surgir a partir de la materia inorgánica. Esto queda claro cuando en su segundo cuaderno, escrito en 1837, afirma:

“la íntiDarwinArchive_1837_NotebookB_CUL-DAR121.-_038ma relación de la vida con las leyes de la combinación química y la universalidad de estas últimas hacen que la generación espontánea no sea improbable”

 

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nota1

un primer problema es que un procedimiento para mostrar continuidades, asi como uno para mostrar discontinuidades desconocidas o nuevas, entre estas fases afecta en profundidad tanto los modos de organizacion política como a los estatus legales existente. Sólo notar la importancia radical de la categoría de cosa, de humano, de persona, en el derecho actual.

si bien estas categorías estan en permanente movimiento o corrimiento de sus límites (ej: donación de organos, o definicion de “material humano” más allá de las personas, etc); podemos suponer que aún usufrutuan una diferencialidad sustancial

en caso de que esto no sea así, y que por ejemplo el derecho ya haya derivado o devenido esas categorias de una manera más veloz y más radical que la cultura y en algunos caso mas rapido que algunas disciplinas cientificas (ver entrada Liberatori) aún así estos corrimientos carecen de un encuadre politico-culural; una esquematica que muestre la continuidad de atributos como la percepcion o actividad “voluntaria” desde la materia hasta lo cultural, pasando por ejemplo por la vida vegetativa, podría tener una potencia política y cultural significativas.

nota 2

parecería de vital importancia la consideración de las continuidades, las analogías y las relaciones sistemicas enrte la materia y lo vivo para todas las areas de transformación material y espacial del entorno por parte de la cultura y el trabajo humanos ¿cómo debería responder la arquitectura a una materia con derechos? ¿cómo pensar la obranza territorial en un entorno no humano que tendría capacidades de pensamiento y/o percepción compartidas con lo humano? ¿cómo se verían afectados los derechos de la naturaleza #DDN si es posible probar agencia e inventiva, y probablemente, reacción e insurgencia, tanto en lo inerte como en lo vivo no humano, así como en los sistemas que conforman?