aeroceno: vuelos experimentales en Jujuy, Salinas Grandes – ‎4096 msnm

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Entre los días 4 y 7 de agosto se realizó en Jujuy, Argentina, una serie de vuelos experimentales del proyecto AerocenoArgentina, en el marco del Centro Cultural Nestor Kirchner. AerocenoArgentina es parte del proyecto abierto Aerocene “un proyecto multidisciplinario que pone en primer plano la exploración artística y científica de los temas ambientales”, a raíz del debate en torno al concepto científico de antropoceno, “el proyecto promueve vínculos comunes entre los derechos sociales, mentales y ambientales”. Es un concepto del artista Tomás Saraceno desarrollado en el marco de la Fundación Aerocene, “se manifiesta como una serie de esculturas de aire que lograrán el viaje más largo y libre de emisiones alrededor del mundo: volverse flotante sólo por el calor del Sol y la radiación infrarroja de la superficie de la Tierra. La escultura flota sin quemar combustibles fósiles, sin usar paneles solares y baterías; Y sin helio, hidrógeno u otros gases raros. Aerocene sostiene un mensaje de sencillez, creatividad y cooperación para un mundo de tumultuosas relaciones geopolíticas, recordándonos nuestra relación simbiótica con la Tierra y todas sus especies”.
m7red viene entablando una conversación con Tomás Saraceno en torno a nodos problemáticos en los que se entrelazan las preocupaciones de sus proyectos en Argentina (básicamente en el museo de arte moderno y en el cck) con ciertos escenarios y actores en los que venimos trabajando (escenarios). Difícil de definir o delimitar estos entrelazamientos y acaso demasiado ambiciosos en sus alcance, que van desde la relación entre la vida y la materia hasta la cuestión de una estética planetaria que pueda redefinir los preconceptos energéticos industrial-capitalistas. La amplitud desmedida de estas preocupaciones se podría explicar, acaso justificar, si tomamos como punto de referencia el actual corrimiento consecutivo de las categorías con la que definimos las mas simples cosas cotidianas, materia, trabajo, energía, género, especie, información, etc.; como estas categorías se estructuran en un esquema de red, por que se definen entre sí, y no son fuentes aisladas de sentido, podemos presuponer que un pequeño movimiento real en alguno de sus vértices será captado en el resto de la red como movimiento generalizado, cada una de nuestras firmes palabras, intuiciones y perceptos está en movimiento simultáneo, es justo y productivo aislar y analizar estos movimientos, pero no podemos decir que hablar del movimiento generalizado no sea realista.

El puente que lo moderno estableció para separar y unir al mismo tiempo la cultura y la naturaleza, la política y lo no humano, parece estar entrando en un ciclo de resonancia interna donde parece imposible no ser generalista, unos conceptos realimentan la vibración de los otros, unos perceptos chocan con otros sincronizando sus longitudes de onda; es decir, el puente estaría comenzando a oscilar violentamente con riesgo de rotura. Los conceptos con los que está construido ese puente están entrando en algún tipo de excitación relacional…

m7red viene entablando una conversación con Tomás Saraceno en torno a nodos problemáticos en los que se entrelazan las preocupaciones de sus proyectos en Argentina (básicamente en el museo de arte moderno y en el cck) con ciertos escenarios y actores en los que venimos trabajando. Difícil de definir o delimitar este entrelazamiento y acaso demasiado ambicioso en sus alcance, que va desde la relación entre la vida y la materia hasta la cuestión de una estética planetaria que pueda redefinir los preconceptos energéticos industrial-capitalistas. La amplitud desmedida de estas preocupaciones que se entrelazan se podría explicar si tomamos como punto de referencia el actual corrimiento consecutivo de las categorías con la que definimos las mas simples cosas, materia, trabajo, energía, género, especie, información, etc.; como estas categorías se estructuran en un esquema de red, por que se definen entre sí, y no son fuentes aisladas de sentido, podemos presuponer que un pequeño movimiento real en alguno de sus vértices será captado en el resto de la red como movimiento generalizado; cada una de nuestras firmes palabras, intuiciones y perceptos entra en un movimiento simultáneo. Puede ser justo y productivo aislar y analizar estos movimientos, pero no podemos decir que hablar de este movimiento generalizado no sea realista. El puente que lo moderno estableció para separar y unir al mismo tiempo la cultura y la naturaleza, la política y lo inerte, parece estar entrando en un ciclo de resonancia interna, donde parece imposible no ser generalista. El puente estaría comenzando a oscilar violentamente con riesgo de rotura; los conceptos con los que está construido están entrando en algún tipo de excitación relacional.

Conviene aclarar que Aeroceno es un concepto que se instala en un debate global como una apertura y como una provocación. Aeroceno es una propuesta de divergencia para el rumbo que llevan las discusiones en torno a la caracterización de una nueva época geológica, el antropoceno.

Aeroceno pone en juego un factor tecno-científico-poético en un debate que intenta una crítica radical al presente en términos tecno-científicos-económicos, que intenta reconocer en el obrar humano una fuerza a escala geológica, que opera mediante, por ejemplo, el calentamiento global producido principalmente por la industrialización y la urbanización, así como la época presente, el holoceno se caracteriza por iguales procesos geológicos pero de origen natural: el fin de la última gran glaciación, la disminución del volumen de los cascos polares y el consecuente ascenso del nivel del mar Lo que se discute en la comunidad científica, y desde hace al menos 10 años también en la comunidad humanista es la responsabilidad humana en la sistemática planetaria ¿puede la especie humana modificar las dinámicas ecológicas y climáticas planetarias como los hacen los grandes movimientos tectónicos? un debate significativo lleno de implicaciones políticas y filosóficas, pero muy técnico, en el que los geólogos y otras ciencias particulares tienen la palabra, y en cierto sentido, un debate cerrado.

Aeroceno responde con la proposición de una época, la época del aire, que compone en un mismo movimiento pasado y futuro (Shapiro), salirse de la devastadora tecnología de los combustibles fósiles, hacia un acoplamiento simbiótico con los medios (sol, aire, agua, tierra), usar el sol y el aire, la radiación y la atmósfera, como energía, motor y medio al mismo tiempo, pero sobre todo habitar el aire, o mejor, politizar la relación técnica con el aire. volver a tener un contacto recíproco con la atmósfera y el clima, algo que la inmediatez energética de las tecnologías en base a la explosión combustibles y químicos nos han hecho olvidar, y es aquí justo anotar todo un modelo cultural basado en la “explosión” en tanto variación violenta del entorno energético, en la producción de espacios vaciables (donde la relación entre vacío y combustible debe ser repensada como modelo producción de espacialidad), pero sobre todo en una temporalidad cuya condición óptima apunta a lo instantáneo. Aeroceno apunta hacia un futuro en la medida en que plantea niveles de acoplamiento y sinergia con el medio que no han sido casi explorados (flujos en doble dirección, resonancia interna), a los que las fuentes energéticas actuales no pueden llegar por la brecha que les impone su flujo en un solo sentido (no son renovables), por la pérdida progresiva de energía en la obtención de esas fuentes. Época dirigida también hacia el pasado porque reconecta con las temporalidades y espacialidades de las fuentes de energía que se acoplan a los medios naturales como en los procesos de recolección y caza, en los orígenes de la agricultura o la navegación a vela; el ciclo solar y el ciclo de radiación terrestre y la dinámica de los vientos son los que constituyen el ciclo energético de los Tata Inti.